Las Palomas TV

Humildad y fe que abren el corazón a Dios

 

Si lees la Biblia, te liberas


Por Alfonso Alvarez, www.laspalomastv.com


LA PALABRA DE HOY, MAS ABAJO, EXPLICADA, ESPIRITUALMENTE.



Lectura del segundo libro de los Reyes (5,1-15a):

Lectura del segundo libro de los Reyes.

EN aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria.
Pero, siendo un gran militar, era leproso.
Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora:
«Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra».
Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo:
«Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel».
Y el rey de Siria contestó:
«Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel».
Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía:
«Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».
Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo:
«¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Daos cuenta y veréis que está buscando querella contra mí».
Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran:
«Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel».
Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle:
«Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio».
Naamán se puso furioso y se marchó diciendo:
«Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio».
Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle:
«Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!».
Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.
Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando:
«Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 41,2.3;42,3.4

R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el rostro de Dios?

V/. Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

V/. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

V/. Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.

V/. Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,24-30):

HABIENDO llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naámán, el sirio».
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Palabra del Señor.


EXPLICACION ESPIRITUAL:

Las lecturas de hoy nos invitan a comprender que la gracia de Dios no depende del poder, del prestigio ni de las apariencias humanas, sino de un corazón humilde y dispuesto a confiar.



EN LA PRIMERA LECTURA, vemos la historia de Naamán, un poderoso jefe del ejército de Siria. Aunque tenía riqueza, honor y autoridad, sufría de lepra, una enfermedad que también simboliza la fragilidad humana. Curiosamente, quien señala el camino hacia su curación no es un sabio famoso ni un gran líder, sino una humilde muchacha israelita que servía en su casa. Dios, muchas veces, habla a través de los más pequeños.

Cuando el profeta Eliseo le indica que se lave siete veces en el río Jordán, Naamán se enfurece. Él esperaba algo espectacular, un gesto grandioso. Sin embargo, el camino de Dios era sencillo: obedecer con humildad. Solo cuando deja de lado su orgullo y escucha el consejo de sus servidores, decide obedecer. Entonces ocurre el milagro: su piel queda limpia y su corazón también cambia, reconociendo que solo el Dios de Israel es el verdadero Dios.



EL SALMO 41 Y 42 “Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?” (Sal 41–42)

El salmo expresa el profundo deseo del corazón humano de encontrarse con Dios. Así como la cierva busca corrientes de agua para calmar su sed, nuestra alma también busca a Dios, fuente verdadera de vida, consuelo y alegría.

Este salmo nos recuerda que solo Dios puede llenar el vacío del corazón humano. Cuando dejamos que su luz y su verdad nos guíen, Él nos conduce a su presencia y nos llena de verdadera alegría.




EL EVANGELIO, nos muestra a Jesús en Nazaret recordando precisamente la historia de Naamán. Él explica que en tiempos del profeta Eliseo había muchos leprosos en Israel, pero el único curado fue Naamán, un extranjero. Con esto Jesús revela una verdad profunda: la salvación de Dios es para todos, no solo para un grupo o un pueblo.

Sin embargo, en lugar de alegrarse, los habitantes de Nazaret se llenan de ira. El orgullo y la dureza del corazón les impiden reconocer la presencia de Dios entre ellos. Por eso se cumple la frase de Jesús: “ningún profeta es aceptado en su pueblo.”



REFLEXION FINAL:

Enseñanzas de la Palabra de hoy

  • Dios actúa muchas veces de manera sencilla, no siempre como esperamos.

  • La humildad abre el camino al milagro, mientras que el orgullo lo bloquea.

  • La gracia de Dios es universal, está destinada a todos los pueblos.

Cuando reconocemos nuestra necesidad de Dios y lo buscamos con sinceridad, Él transforma nuestra vida, tal como transformó la de Naamán.

Hoy se nos invita a preguntarnos:
¿Estoy dispuesto a aceptar la voluntad de Dios, aunque sea sencilla?
¿O mi orgullo me impide escuchar su voz?

Hashtags

#EvangelioDeHoy #SalmoDelDía #ReflexiónCristiana #PalabraDeDios #Fe #Humildad #Conversión #DiosVivo #Cuaresma #Biblia #Iglesia

Artículo Anterior Artículo Siguiente