Las Palomas TV

La verdadera conversión del corazón y la humildad delante de Dios.

 

Si lees la Biblia, te liberas

Por Alfonso Alvarez, www.laspalomastv.com

14 de marzo del 2026

LA PALABRA DE HOY, MAS ABAJO, EPLICADA, ESPIRITUALMENTE.



Lectura de la profecía de Oseas (6,1-6):

VAMOS, volvamos al Señor.
Porque él ha desgarrado,
y él nos curará;
él nos ha golpeado,
y él nos vendará.
En dos días nos volverá a la vida
y al tercero nos hará resurgir;
viviremos en su presencia
y comprenderemos.
Procuremos conocer al Señor.
Su manifestación es segura como la aurora.
Vendrá como la lluvia,
como la lluvia de primavera
que empapa la tierra».
¿Qué haré de ti, Efraín,
qué haré de ti, Judá?
Vuestro amor es como nube mañanera,
como el rocío que al alba desaparece.
Sobre una roca tallé mis mandamientos;
los castigué por medio de los profetas
con las palabras de mi boca.
Mi juicio se manifestará como la luz.
Quiero misericordia y no sacrificio,
conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.18-19.20-21ab

R/. Quiero misericordia, y no sacrificios

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

V/. Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):

EN aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
“Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.


EPLICACION ESPIRITUAL:

En la primera lectura del profeta Oseas (Os 6,1-6), el pueblo reconoce que debe volver al Señor. Dios permite la corrección, pero también promete sanar y restaurar. Sin embargo, el Señor señala un problema profundo: el amor del pueblo es inconstante, “como nube mañanera”. Por eso Dios declara una frase clave de toda la Escritura: “Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios más que holocaustos”. Con estas palabras enseña que lo más importante no son los actos externos, sino un corazón que realmente conozca y ame a Dios.



EL SALMO 50 continúa esta misma enseñanza. El salmista reconoce que Dios no se complace simplemente en sacrificios materiales, sino en un corazón contrito y humillado. Cuando una persona reconoce su pecado con sinceridad y pide misericordia, Dios no la rechaza. El verdadero sacrificio que agrada al Señor es la humildad del corazón.



EN EL EVANGELIO, según san Lucas (Lc 18,9-14), Jesús presenta la parábola del fariseo y el publicano. El fariseo se presenta ante Dios lleno de orgullo, enumerando sus buenas obras y comparándose con los demás. Su oración no es una súplica, sino una exaltación de sí mismo. En cambio, el publicano se reconoce pecador, no se atreve ni a levantar la mirada y solo pide: “Dios, ten compasión de mí”. Jesús sorprende al afirmar que es el publicano quien vuelve a su casa justificado, porque Dios mira la humildad del corazón.

El mensaje es claro: Dios no mira las apariencias, sino la sinceridad del corazón. La autosuficiencia espiritual nos aleja de Él, mientras que la humildad nos acerca a su misericordia. Quien se cree perfecto no siente necesidad de Dios; quien reconoce su fragilidad abre la puerta a su gracia.



REFLEXION FINAL:

Estas lecturas nos invitan hoy a examinarnos:

  • ¿Nos acercamos a Dios con humildad o con orgullo?

  • ¿Nuestra fe se limita a prácticas externas o nace de un corazón que ama y busca al Señor?

Recordemos siempre las palabras de Jesús: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Cuando reconocemos nuestras faltas y confiamos en la misericordia de Dios, Él nos levanta y nos transforma.


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