Si lees la Biblia, te liberas
Por Alfonso Alvarez, www.laspalomastv.com
LA PALABRE DE HOY, MAS ABAJO, EXPLICADA, ESPIRITUALMENTE.
Lectura del segundo libro de Samuel (24,2.9-17):
En aquellos días, el rey David ordenó a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: «Id por todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, a hacer el censo de la población, para que yo sepa cuánta gente tengo.»
Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá quinientos mil.
Pero, después de haber hecho el censo del pueblo, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: «He cometido un grave error. Ahora, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque ha hecho una locura.»
Antes que David se levantase por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió la palabra del Señor: «Vete a decir a David: «Así dice el Señor: Te propongo tres castigos; elige uno, y yo lo ejecutaré.»»
Gad se presentó a David y le notificó: «¿Qué castigo escoges? Tres años de hambre en tu territorio, tres meses huyendo perseguido por tu enemigo, o tres dias de peste en tu territorio. ¿Qué le respondo al Señor, que me ha enviado?»
David contestó: «¡Estoy en un gran apuro! Mejor es caer en manos de Dios, que es compasivo, que caer en manos de hombres.»
Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó entonces la peste a Israel, desde la mañana hasta el tiempo señalado. Y desde Dan hasta Berseba, murieron setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla.
Entonces David, al ver al ángel que estaba hiriendo a la población, dijo al Señor: «¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas ovejas? Carga la mano sobre mí y sobre mi familia.»
El Señor se arrepintió del castigo, y dijo al ángel, que estaba asolando a la población: «¡Basta! ¡Detén tu mano!»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 31,1-2.5.6.7
R/. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R/.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.
Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.
Segunda Lectura
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,1-6):
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»
Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
Palabra del Señor
EXPLICACION ESPIRITUAL:
Mensaje espiritual – Primera Lectura (2 Samuel 24,2.9-17)
La primera lectura nos muestra a un rey David humano y frágil. Al ordenar el censo, David pone su confianza en los números, en la fuerza militar y en el poder humano, olvidando que la verdadera seguridad de Israel venía del Señor. Cuando toma conciencia de su error, su corazón se conmueve profundamente y reconoce su pecado con humildad.
Este pasaje nos enseña que el pecado no está solo en la acción externa, sino en la intención del corazón: confiar más en nuestras propias fuerzas que en Dios. Sin embargo, también resalta algo fundamental: Dios es compasivo. David elige caer en manos de Dios porque sabe que su misericordia es mayor que cualquier castigo. La intercesión del rey, que asume la culpa por su pueblo, anticipa la figura de Cristo, el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.
Mensaje espiritual – Salmo 31
El salmo es una respuesta llena de esperanza y consuelo. Proclama la dicha del perdón y la liberación interior que nace cuando reconocemos nuestros pecados ante Dios sin máscaras ni excusas.
Aquí aprendemos que la confesión sincera abre la puerta al perdón y que Dios no es un juez implacable, sino un refugio seguro en medio de la angustia. El salmista nos recuerda que quien confía en el Señor no será arrastrado por las tormentas de la vida, porque Dios mismo lo rodea de cantos de salvación.
Mensaje espiritual – Evangelio (Marcos 6,1-6)
En el Evangelio, Jesús regresa a su tierra y se encuentra con la incredulidad de los suyos. La gente se queda en lo superficial: conocen su origen, su familia, su oficio, pero no logran abrir el corazón para reconocer la presencia de Dios en Él.
La falta de fe limita la acción de Jesús. No porque Él no tenga poder, sino porque Dios respeta la libertad del ser humano. Este pasaje nos invita a preguntarnos cuántas veces nosotros también nos cerramos a la acción de Dios por prejuicios, costumbre o falta de fe, impidiendo que Él obre milagros en nuestra vida.
Reflexión final
Las lecturas de hoy nos conducen a un mismo llamado: humildad, arrepentimiento y fe. David reconoce su pecado y confía en la misericordia divina; el salmista celebra el perdón que libera; y el Evangelio nos advierte que sin fe no hay apertura a la gracia.
Dios no busca perfección, sino corazones sinceros. Cuando reconocemos nuestras faltas, confiamos en su misericordia y abrimos el corazón a su Palabra, Él detiene la mano del castigo y nos rodea de salvación. Que no seamos como los paisanos de Jesús, que vieron pero no creyeron, sino como David, que cayó, se arrepintió y volvió a confiar plenamente en Dios.
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