Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus dispersas. Hermanos míos, teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna. En caso de que alguno de vosotros se vea falto de sabiduría, que se la pida a Dios. Dios da generosamente y sin echar en cara, y él se la dará. Pero tiene que pedir con fe, sin titubear lo más mínimo, porque quien titubea se parece al oleaje del mar sacudido y agitado por el viento. Un individuo así no se piense que va a recibir nada del Señor; no sabe lo que quiere y no sigue rumbo fijo. El hermano de condición humilde esté orgulloso de su alta dignidad, y el rico, de su pobre condición, pues pasará como la flor del campo: sale el sol y con su ardor seca la hierba, cae la flor, y su bello aspecto perece; así se marchitará también el rico en sus empresas.
Palabra de Dios.
Salmo
Sal 118,67.68.71.72.75.76
R/. Cuando me alcance tu compasión, viviré, Señor
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,11-13):
Palabra del Señor.
EXPLICACION ESPIRITUAL:
LA PRIMERA LECTURA DE LA CARTA DEL APOSTOL SANTIAGO nos invita a mirar las pruebas desde una perspectiva distinta: no como castigos, sino como oportunidades de crecimiento. La fe, cuando es probada, produce constancia; y esa constancia, llevada hasta el final, nos hace íntegros y firmes. Dios no promete una vida sin dificultades, pero sí ofrece sabiduría abundante a quien la pide con fe sincera y sin vacilaciones.
EL SALMO refuerza esta enseñanza al reconocer que el sufrimiento, aunque doloroso, puede ser escuela de fidelidad. En medio de la prueba aprendemos a valorar más la Palabra de Dios que cualquier riqueza material, porque lo pasajero se marchita, mientras que la voluntad del Señor permanece.
EN EL EVANGELIO, Jesús se niega a dar un signo espectacular a quienes lo piden sin verdadera fe. No porque le falte poder, sino porque la fe auténtica no se apoya en señales externas, sino en la confianza profunda en Dios. El verdadero signo es Él mismo, presente y actuando en la historia.
REFLEXION FINAL:
Hoy somos llamados a confiar, a no exigir pruebas a Dios, sino a reconocer su acción incluso en medio de la dificultad. Allí, cuando todo parece incierto, la fe se purifica, madura y da fruto.
